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viernes, 2 de marzo de 2012

La resurreción de las almas




La re-encarnación es un tema  que se nos ha estado introduciendo de manera muy intensa a través de todos los medios de comunicación social y que se nos presenta como un fenómeno prácticamente imposible de negar. Pero tenemos que saber que la re-encarnación es un mito, un error, una herejía, un embuste; como diría San Pablo: “es una patraña”. La re-encarnación, junto con otras falsas creencias, nos vienen de fuentes no cristianas. Y los cristianos debemos tener claro que nuestra fe es incompatible con la falsa creencia en la re-encarnación.
Nuestra esperanza no está en volver a nacer, nuestra esperanza no está en que nuestra alma reaparezca en otro cuerpo que no es el mío, como se nos trata de convencer con esa mentira que es el mito de la re-encarnación. Nuestra esperanza está en resucitar, como Cristo resucitó y como nos ha prometido resucitarnos también a nosotros. Y al resucitar ya no volveremos a morir, seremos inmortales.
Pero sucede que cuando comenzamos a creer que es posible, o deseable, o conveniente o agradable re-encarnar, ya  estamos negando la resurrección.
Parece muy atractiva esta falsa creencia. Sin embargo, si en realidad lo pensamos bien … ¿cómo va a ser atractivo volver a nacer en un cuerpo igual al que ahora tenemos, decadente y mortal, que se daña y que se enferma, que se envejece y que sufre … pero que además tampoco es el mío? ¿Cómo va a ser más atractivo re-encarnar que resucitar en un cuerpo glorioso como el de Cristo resucitado, que es lo que el Señor nos ha prometido?
Además, tenemos que tener claro los cristianos que la re-encarnación está negada en la Biblia. En el Antiguo Testamento: “Una sola es la entrada a la vida y una la salida” (Sabiduría 7, 6). San Pablo en su Carta a los Hebreos dice: “Los hombres mueren una sola vez y después viene para ellos el juicio: los que hicieron bien saldrán y resucitarán para la vida, pero los que obraron mal resucitarán para la condenación” (Hebreos 9,27).

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