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martes, 11 de marzo de 2014

"El país real se conoce atendiendo a los pobres, ayudando a las víctimas": Vera



Fray Raúl Vera López, Obispo de Saltillo. Foto: Red


México, DF. Dice Raúl Vera López, el obispo de Saltillo: “En el camino he aprendido mucho”. El camino es el que ha recorrido con las familias de los 65 mineros de Pasta de Conchos, cuyos cuerpos siguen aún en el fondo de un túnel, a 150 metros de profundidad desde 2006. Es su convivencia con los transmigrantes aterrorizados que llegan al albergue que él fundó en la capital coahuilense en 2001. Es el acompañamiento a las luchas de miles de sobrevivientes y familiares de víctimas de masacres y agresiones cometidas a lo largo de los años y a lo ancho de la geografía nacional.

“Uno llega a conocer muchas cosas del país real atendiendo a los pobres, atendiendo a las víctimas”.

–¿Qué lecciones?

–“Una: la tremenda corrupción que recorre a todo el Estado mexicano. ¿Quiénes protegen a los empresarios de Grupo México que hacen trabajar a los mineros hasta exprimirlos y luego abandonarlos? Son los mismos que poseen los trenes donde se cometen verdaderos actos de terrorismo contra los migrantes centroamericanos. Y los funcionarios que los encubren son los mismos que no hacen nada para encontrar a los decenas de miles de desaparecidos”.

A sus 69 años, el obispo Vera –a quien retrata el especialista en religiones Bernardo Barranco en su libro El evangelio social de Raúl Vera, de reciente publicación– es un hombre más politizado, más vehemente que aquel obispo coadjutor que en 1996 fue enviado por el Vaticano a San Cristóbal de las Casas para acotar y comenzar a desmantelar la obra diocesana del obispo Samuel Ruiz, quien a raíz del levantamiento zapatista había entrado en un choque frontal con el gobierno de Ernesto Zedillo y con la propia curia romana. El contacto con Chiapas y con Ruiz García cambió la ruta de vida del fraile dominico que venía del obispado de Altamirano, Guerrero, para imponer en la Chiapas india una línea conservadora.

Vera entendió –explica ahora, en entrevista– “la barrera que el tatik Samuel había levantado en defensa del mundo indígena” y se comprometió con él. Hizo suya la teología india del prelado al que iba a desplazar. Al final la jerarquía eclesial desplazó a los dos. Así fue como Vera arribó a Saltillo en 1999.

Pero ahí demostró que era otro, un defensor de los derechos humanos, un feminista, incluso. Hoy recuerda y compara la defensa que hizo de las 13 trabajadoras sexuales violadas y torturadas por un batallón del ejército en un prostíbulo en la localidad de Castaños. Su intervención fue clave para lograr que los soldados fueran juzgados en el fuero civil. Después hizo suyo el caso de las dos mujeres mephaá violadas, también por militares, en la montaña de Guerrero; las representó y acompañó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. El Estado mexicano fue condenado.

Guanajuatense de nacimiento –es de Acámbaro– es un obispo indignado. En entrevista con La Jornada habla de una “desarticulación de la nación”. De una “traición a la patria” con la reforma que desmonta el control soberano del país sobre sus recursos energéticos. Señala a la clase política como “falta de ética”.

Y más. Denuncia a las familias dueñas de los grandes consorcios mexicanos como una “clase depredadora”. Exclama: “En las causas que acompañamos siempre nos encontramos los mismos apellidos, son apenas un puñado de dueños los de las empresas mineras, las compañías ferroviarias, los que justificaron el desmantelamiento del sindicato de electricistas, el SME, para poderse hacer de la industria eléctrica y la fibra óptica, los que aplauden la reforma energética”.

“En el olvido, el interés nacional”

–Usted ha participado abiertamente en la resistencia contra la reforma energética.

–Porque se trata del desmantelamiento de nuestra Carta Magna. ¿Y para qué? para consumar la extracción de recursos del país en beneficio de las empresas extranjeras. Miren las cifras: en minería, la extracción de los metales preciosos que se hizo durante los siglos de colonia española ha sido superada con la que se ha hecho en los últimos, poquísimos años de presencia de mineras extranjeras en una tercera parte del territorio nacional, que está concesionado.

Y muchas empresas ocupan los espacios, incluso sagrados, de los pueblos originarios, atropellando los derechos que tienen los pobladores, explotando la fuerza de trabajo, con esta reforma a la ley federal de trabajo que prácticamente permite que se trituren a la gente. Hay una mentalidad asesina ahí.

–¿Hay alguna articulación de la sociedad para poner nuevamente en el mapa el interés nacional?

–Como ni el Estado, cada vez más débil ni la clase política hacen nada para detener este saqueo, nosotros ya en el Tribunal de los Pueblos estamos hablando de patriotismo, de la patria. Porque en la Constitución todavía está tipificado el término de traición a la patria, entendida ésta como capacidad de gestión soberana para garantizar bienestar a los ciudadanos.

–Cuando dice nosotros ¿a quién se refiere?

–A todos los que buscamos detener esto con resistencia pacífica. Y esto tiene su historia. Recuerden la rebelión zapatista en Chiapas, donde hubo personas con gran calidad moral como Samuel Ruiz, quien logró tejer una barrera de protección al mundo indígena.

–¿Qué lecciones dejó el levantamiento zapatista y el trabajo pastoral de Samuel Ruiz para la resistencia que se requiere hoy?

–Ahí nada se improvisó. Fue un trabajo, una construcción de muchos años. El obispo de San Cristóbal defendió activamente a los refugiados guatemaltecos (mayas también) que huían de las masacres en Guatemala cuando los quisieron desplazar. Y eso fue resultado de su lucha, incluso internacional, por el reconocimiento de los derechos humanos de los indígenas. Al defender sus exigencias de dignidad y justicia se logró que fueran ellos mismos quienes asumieran esa lucha, como sujetos.

Pero no es el único. Déjame citar sólo un nombre. Javier Sicilia para los derechos de las víctimas. Ante el asesinato de su hijo su palabra fue tan fuerte que desató todo un movimiento. Y como él, en muchos ámbitos, encontramos a muchas personas que tienen esta fuerza.

–¿Los albergues que ha levantado la sociedad civil a lo largo de la ruta de migrantes centroamericanos, para ayudarlos a sobrevivir la travesía, sería una de estas barreras de protección? Usted creó uno, el de Saltillo…

–Sí, realmente lo es. Pero la idea es que los sujetos de esta contención contra la violencia desatada por el crimen organizado y la corrupción gubernamental sean los propios pueblos.

Pasta de Conchos, donde la vida no vale nada

–¿Qué otros contrapesos?

–Un caso emblemático es la lucha de las familias de mineros de Pasta de Conchos, con el que hemos llegado a las cortes de justicia internacionales. Es muy ilustrativo. Siempre, a donde quiera que vayamos con nuestras denuncias y la exigencia de rescatar los cuerpos de los mineros que siguen en el fondo de la mina, encontramos los mismos apellidos, los mismos funcionarios, entre quienes insisten en negar ese derecho mínimo de las víctimas. Curioso, esto nos revela todas las ligas que existen entre el poder y el dinero. Así vemos al gobierno de Coahuila ofreciendo al Grupo México un servicio legal de defensa en contra de sus propios gobernados.

Esto nos revela el abandono extremo del trabajador. El descubrir cómo hacían trabajar a los mineros, en condiciones de inseguridad total y después descubrir que no quisieron invertir en la búsqueda de los cadáveres. Esto habla del poco valor que le otorga quien tiene mucho dinero a la vida de un trabajador. Y luego vemos a los mismos –Larrea, del Grupo México, en este caso– beneficiados con las concesiones del monopolio ferrocarrilero, donde cada día se cometen verdaderos actos de terrorismo contra seres humanos, los migrantes.

¿Qué nos dice todo esto? Que es ahí, en esa corrupción de los empresarios y las autoridades donde vemos un desvío del poder que es criminal. ¿Por qué el gobierno defiende a estos empresarios criminales? ¿Lo hacen gratis? No lo creo. Eso es traición a la patria.

–¿Qué ha aprendido con el tema de los migrantes?

–Precisamente esta maraña de intereses entre poder y dinero que hay en la economía mundial, que es lo que está generando el empobrecimiento de la población. Las grandes multinacionales llegan a nuestros países a pagar veinte veces más abajo del salario que pagan en los países desarrollados. Y por eso los jóvenes se van de sus tierras, no quieren morirse de hambre. Y frente a este abuso los gobiernos son omisos.

Los primeros casos que detectamos en Saltillo de actos terroristas contra los migrantes: arrojarlos del tren, provocar que quedaran mutilados, o muertos en las vías, extorsionarlos o asesinarlos en el camino, fueron cometidos por empleados de las empresas ferroviarias. El gobierno mexicano no hace nada contra el Grupo México.

Y frente a la emergencia humanitaria de los que viajan sin documentos de Centroamérica a la frontera norte ¿qué hace el gobierno? Hace una ley para otorgar supuestamente una visa temporal para migrantes, pero con requisitos imposibles de cumplir para la mayoría, que tiene que mostrar un contrato temporal en Estados Unidos y llevar consigo dinero suficiente que poder vivir seis meses. Perdón, pero esto es idiota.

–Otra emergencia humanitaria, los más de 26 mil desaparecidos…

–Otro efecto de la corrupción espantosa que hay. Después de tantos años, el gobierno no establece ni siquiera un protocolo de búsqueda de cuerpos en las cosas comunes.

Tomado de La Jornada
Marzo 11 de 2014

miércoles, 26 de febrero de 2014

El evangelio social de Raúl Vera



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Uno no puede quedar indiferente ante personajes que en los dos últimos años han estado en la terna final del premio Nobel de la Paz. Nos referimos a Raúl Vera, quien es el rostro de una Iglesia comprometida con la justicia social y con los derechos humanos. Una persona que goza de un amplio reconocimiento y respeto social entre los más diversos sectores del país. Paradójicamente, su prestigio secular es inversamente proporcional de aquel que al interior del episcopado le otorgan. Esto lo he podido comprobar a lo largo de las presentaciones que hemos venido haciendo del libro que hicimos: El evangelio social del obispo Raúl Vera, conversaciones con Bernardo Barranco, de editorial Grijalbo, que acaba de ser distribuido en las principales librerías del país. Pude constar el respeto con el que Raúl Vera es tratado por muy diferentes periodistas y líderes de opinión como Carmen Aristegui, Leo Zuckermann, Ricardo Rocha, Javier Aranda. Vitoreado por programas radiofónicos irreverentes como El Weso y Charros contra Gánsters. Y mención aparte merece Martha Debayle, quien al final de la entrevista ya estaba destapando a Vera como próximo candidato a la Presidencia, contraviniendo claramente el ar­tículo 130 constitucional. Por otra parte, las palabras fuertes de Vera reflejan la indignación de la época; su actitud como religioso es un espejo del sentir y la voluntad de un gran número de mexicanos que ven en el fraile dominico una actitud valiente, cívica y espiritual. La capacidad de convocatoria de Raúl Vera es indiscutible: no sólo el auditorio Bernardo Quintana de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, este pasado sábado 22 de febrero, estaba abarrotado, sino que un grupo numeroso de personas, lamentablemente, tuvo que quedar fuera de la presentación del libro, ante la cerrazón y descortesía de las autoridades que organizan la feria.

Me he venido preguntado, ¿por qué estos personajes religiosos despiertan notable empatía? La respuesta que me doy está en el propio papa Francisco. Guardando proporciones, ambas figuras representan renovación, frescura y compromiso social por los más pobres. Como Nancy Gibbs, de la revista Time, fundamentó al nombrar al Papa el hombre del año: En menos de un año, Francisco ha hecho algo notable: no cambió las palabras, pero cambió el tono y temperamento que pesan en una Iglesia construida sobre la sustancia de los símbolos. Monseñor Vera es heredero y depositario de legendaria generación latinoamericana de obispos, curas, clero religioso y monjas que siguieron el impulso renovador del Concilio Vaticano II. Es discípulo de un progresismo católico que tuvo alcances significativos en movimientos sociales en América Latina. Por ello, su desempeño contrasta con la limitada presencia y pequeñez de la mayor parte de los actuales prelados mexicanos. Este libro muestra que Raúl Vera no es un accidente que nace en Chiapas ni es fruto de repentina conversión. En Vera no se opera un milagro de conversión; más bien se muestra un largo proceso de maduración en el que inciden no sólo las circunstancias personales sino la mística de la orden de los predicadores, los dominicos, como se les conoce comúnmente. La herencia de Bartolomé de las Casas, fray Antonio de Montesinos y fray Francisco de Vitoria, entre tantos otros. También las semillas de lucha de este activista religioso son palpables aun antes de haber optado por el sacerdocio. Vera es hijo directo de una doble revolución que se opera simbólicamente en los años sesenta: la rebeldía universitaria del 68, movimiento del que Vera participa activamente, y el aggiornamentoeclesial que se consagra en el concilio y que posteriormente cobra forma en la teología latinoamericana de la liberación. Pero don Raúl va más allá, no se contenta con la crítica y el planteamiento de la transformación de las estructuras injustas. Se solidariza con las causas concretas y reivindica la dignidad de las mujeres, los indígenas, los mineros, los migrantes, los homosexuales, entre otros.


Aunque no se considera un obispo rebelde, es innegable que ha recibido censuras por sus decisiones y posicionamientos por el respeto a la diversidad sexual. Desde Roma, la curia le ha requerido diversas explicaciones; especialmente se muestra nerviosa por su pastoral de homosexuales o por su tolerancia con curas heterodoxos. La derecha católica ha venido hostigado su labor desde los tiempos de Chiapas, denostando su trayectoria. Raúl Vera cuenta en el libro sus batallas universitarias contra el MURO, tío abuelo del Yunque y de la actual derecha católica mexicana. El conservadurismo intransigente le pinta mantas en su contra, lo calumnia en Roma, lo acecha y hasta amenaza. Vera puede ser generoso incluso con aquellos actores religiosos que lo embisten. Sin embargo, para mi sorpresa, es bastante ortodoxo en lo doctrinal, tiene respuestas más audaces a las realidades seculares que a las religiosas. Pese a ello, fue muy contundente durante nuestras conversaciones, denunciado el clericalismo como un cáncer en la Iglesia. El obispo de Saltillo cuestiona una Iglesia que se siente por encima de la sociedad, aun antes de haber escuchado la crítica a la Iglesia autorreferencial que hizo Francisco. La fórmula de monseñor Vera es sencilla: es una persona honesta y congruente. Vive el evangelio con todas sus exigencias y sabe transmitir con fervor su fe. En su sencilla casa no tiene piscinas ni gimnasios, no aparece en las revistas de sociales; aunque dialoga con todos, no es afecto a asistir a los banquetes junto a los acaudalados, no juega golf ni usa Mercedes como vehículo, tampoco tiene órdenes de aprehensión por millonarios fraudes. Es simplemente un pastor coherente con el evangelio que predica.

Una anotación final. Las conversaciones con Raúl Vera contenidas en el libro se dan en un momento de transición entre dos papas. Al inicio de nuestro diálogo, la voz de Vera era acallada y relegada por la mayor parte de los obispos mexicanos, pues desentonaba y, por tanto, era confinado. Ahora, con el papa Francisco, con todas sus propuestas de renovación, don Raúl está reposicionado y se convierte en referente obligado de un episcopado apático e indolente a seguir el sendero de cambios que propone el actual pontífice.

Por Bernardo Barranco V.
Tomado de La Jornada
Febrero 26, 2014






jueves, 19 de septiembre de 2013

Llaman a todos los mexicanos y mexicanas a unirse para defender el petróleo





México, Distrito Federal, 19 de septiembre de 2013

*El documento es firmado por Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Andrés Manuel López Obrador, Fr. Raúl Vera López O.P., Pablo González Casanova, Miguel Concha Malo, Miguel Álvarez Gándara y Mario Saucedo Pérez.

Ante la grave emergencia del país y la amenaza de continuar la entrega de nuestros recursos, territorios y riquezas con la reforma energética que promueve el gobierno, los suscritos llamamos a todas las mexicanas y mexicanos, sin distinción de creencias, ideologías o posiciones políticas y sociales, a unirnos para evitar el despojo de la nación y de nuestro pueblo que promueven el gobierno y las corporaciones petroleras trasnacionales.

A partir del respeto a nuestras diferencias llamamos a organizar la resistencia civil y pacífica, reconociendo la autonomía y la independencia de las organizaciones y de los individuos, en torno a los siguientes ejes:
Oponerse abiertamente a las reformas de los artículos 27 y 28 de la Constitución de la República que propone el gobierno y defender nuestra soberanía, así como los recursos energéticos que son propiedad de la nación tras incontables luchas históricas, y base de nuestro desarrollo integral y sustentable.
Oponerse a la iniciativa de reforma hacendaria, que distribuye la carga fiscal de una manera particularmente inequitativa y recesiva, profundizando la crisis al afectar a las pequeñas y medianas empresas, a las clases medias, y sobre todo a los trabajadores y a los más pobres de México.
Rechazar la campaña mediática de linchamiento contra las justas luchas de los maestros ante una reforma que los priva de sus derechos laborales y que no es educativa.
Denunciar la creciente violencia, represión y violación a los Derechos Humanos civiles y sociales que sufren los movimientos sociales, los pueblos y las comunidades, sus víctimas, dirigentes y defensores.

Llamamos a todas las organizaciones sociales, políticas y culturales, a los movimientos, pueblos y comunidades indígenas y no indígenas, a los ciudadanos y ciudadanas a participar activa y pacíficamente, sin caer en provocaciones, desde todas las trincheras a las que cada quien tenga acceso, en las luchas por alcanzar estos objetivos de soberanía, libertad y justicia.

¡Viva México!

Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Andrés Manuel López Obrador, Fr. Raúl Vera López O.P., Pablo González Casanova, Miguel Concha Malo, Miguel Álvarez Gándara y Mario Saucedo Pérez.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Si el TEPJF avala triunfo de EPN se conservarán los "pactos de impunidad": obispo Raúl Vera





MÉXICO D.F. (apro).- El obispo de Saltillo, Raúl Vera López, advirtió hoy que en caso de que el Tribunal Federal del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) confirme el triunfo electoral del priista Enrique Peña Nieto se conservarían los “pactos de impunidad” en el gobierno mexicano.

Según el jerarca católico, las autoridades electorales no han efectuado una verdadera investigación sobre las irregularidades cometidas en el proceso de la elección presidencial. “Ha habido omisiones gravísimas por parte de las autoridades encargadas de calificar la elección”, dijo.

Luego de criticar el trabajo realizado por el IFE y el TEPJF, agregó:

“Que pasen lo que corresponde a lavado de dinero, a empresas fantasma, todo esto que estamos viendo por donde pasó ese dinero, que pase a las autoridades competentes, ¿cómo es posible que para cumplir un calendario se deja pasar una situación como esta?”.

Vera declaró lo anterior durante una entrevista realizada en la sede de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) donde se conmemoró el segundo aniversario de la masacre de San Fernando, Tamaulipas.

De acuerdo con el obispo Vera López, “estamos viendo que se están conservando pactos de impunidad”.

Es como si entre actores políticos se dijeran: “Yo no te estoy calificando tu proceso para que tú a mí no me califiques cuando estés en el poder”.

“Las predicciones de que nos espera de que este país llegue a ser lo que queremos que sea está bastante lejos… Ya no hablemos de logros, estamos hablando de un país desbaratado, un país desajustado ante la disgregación social que padecemos, ya no estamos hablando de logros, sino de recuperar nuestra libertad, nuestra democracia, nuestro estado de derecho”, sostuvo.

Fuente: Proceso, Agosto 21 de 2012