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jueves, 22 de diciembre de 2011

Stalin a los 132 años






Jossif Vissariónovich Dzhugashvili nació en Gori, Georgia, en 1879 y murió en Moscú en 1953). Era hijo de un zapatero pobre y alcohólico, estudió en un seminario eclesiástico, de donde fue expulsado por sus ideas revolucionarias.

Participó en la revolución bolchevique de 1917, en la que adquirió el sobrenombre de Stalin («hombre de acero»).

Fue leal a Lenin y eso le permitió ascender en la estructura soviética.

Disputó con Trotski por la sucesión de Lenin. Ganó por el control que tenía sobre la información y sobre el aparato del Partido.

Stalin, ambicioso y enfermo de poder, una vez que eliminó a Trotski decidió hacer a un lado a otros líderes comunistas como Zinoviev, Kamenev y Bujarin y Rikov.

Al consolidar su poder, Stalin instauró una sangrienta dictadura personal, tal vez el régimen más totalitario que haya existido jamás.


Hoy, a 132 años de su nacimiento los rusos siguen recordando a uno de los más terribles genocidas de la historia

miércoles, 21 de diciembre de 2011

El hombre que amaba a los perros




Hace tiempo leí en El País sobre "El hombre que amaba a los perros", novela de Leonardo Padura, lo siguiente:

"El hombre que amaba a los perros es", sí, el relato pormenorizado del asesinato de Trotski, contado con gran nervio narrativo -es en sí misma una apasionante novela de lealtades, u obediencias: no es lo mismo, y traiciones, y también, claro, una película: la hizo Losey en 1972-; es también una pormenorizada reconstrucción de los últimos años de la vida errante de Trotski, presintiendo que Stalin le alcanzaría; y es, por último, la historia de un joven cubano, Iván, para quien la vida es un callejón sin salida y que conoce en 1977, en una playa, a un hombre que amaba a los perros, que pasea dos viejos galgos rusos, dos borzois, esos animales que tanto amó -también- Trotski, como ama -también- el cubano a los perros en general. Ese misterioso español, enfermo y abandonado, le confía su secreto; el lector ya lo adivina enseguida, Iván tarda más: es Ramón Mercader, quien falleció en Cuba en 1978.

Recomiendo, en estas vacaciones de fin de año, la lectura de esa obra.