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martes, 5 de agosto de 2014

Un tercio de mujeres en el mundo son agredidas por sus parejas





A nivel mundial el desarrollo de las mujeres es 8 por ciento inferior al de los varones, a lo que se suma que un tercio de ellas sufrirá violencia de cualquier tipo a lo largo de su vida, según el Índice de Desarrollo Humano (IDH) 2014, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Un informe publicado la semana pasada señala: “Sostener el progreso humano: Reducir vulnerabilidades y construir resiliencia” expone que además de que el desarrollo humano aumenta a un ritmo más lento que antes, la desigualdad entre los sexos y la violencia contra la mujeres son persistentes.

El reporte da cuenta que a nivel mundial casi 1.5 billones de personas vive en pobreza “multidimensional” (que se refleja en carencias en salud, educación, alimentación y nivel de vida), al mismo tiempo que 800 mil personas están en riesgo de caer en ella si se enfrentan a desastres naturales, crisis financieras o conflictos violentos.

En América Latina (AL) el número de personas vulnerables ante la pobreza “multidimensional” es de 45 millones de habitantes.

En el documento también se analiza el Índice de Inequidad de Género, que mide la desigualdad en el desarrollo de mujeres y hombres con base en la representación política femenina en sus países, el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva, participación en el mercado laboral, y acceso a la educación.

A nivel mundial el valor de desarrollo de las mujeres es 8 por ciento más bajo que el de los varones, ya que “las mujeres enfrentan diversos tipos de desventajas y discriminación”.

Las naciones con los índices de inequidad de género más bajos están en Europa y son encabezados por Eslovenia; mientras que las inequidades más amplias se concentran en el sur de Asia.


Globalmente las mujeres están en desventaja en la representación política nacional, pues en promedio ellas ocupan el 21 por ciento de los parlamentos. AL tiene el porcentaje de representación más amplio con el 25 por ciento, y en los Estados árabes la proporción es apenas de 14 por ciento.

De acuerdo con el informe, la pobreza en los servicios de salud reproductiva contribuye en mayor medida a las inequidades entre los sexos, especialmente en países en desarrollo.

Dentro de los problemas más preocupantes se destaca la muerte materna, que además de tener un alto impacto en las mujeres tiene implicaciones en las hijas o hijos, quienes se quedan sin cuidado materno y pueden ver interrumpido su desarrollo y enfrentar varios obstáculos a lo largo de su vida.

Por ejemplo, la razón de muerte materna en África Subsahariana es de 474 muertes por cada 100 mil niños nacidos vivos.

La falta de acceso a servicios de salud adecuados también se refleja en los nacimientos de hijas o hijos de madres adolescentes, lo que debilita el desarrollo humano para las mujeres jóvenes y sus descendientes.

Por otro lado, las deficiencias en la educación también son amplias entre mujeres y hombres; en promedio 60 por ciento de las mujeres de 25 años o más tienen al menos estudios de secundaria en comparación con el 67 por ciento de los varones con ese nivel de estudios.

Al mismo tiempo, las mujeres permanecen detrás de los varones con respecto a su participación en el mercado laboral, pues hay una presencia femenina de sólo 51 por ciento, mientras que la participación masculina es de 77 por ciento. Aunque se destaca que la participación de las mujeres es mayor en empleos forzados derivados de la trata de personas.

En tanto, la violencia contra las mujeres, de “proporciones epidémicas”, pone diversos desafíos para que ellas “puedan participar en la vida de su sociedad, así como en garantizar la seguridad” de esta población, ya que la violencia de pareja va ligada a las condiciones de pobreza.

En el informe se da cuenta de que alrededor de un tercio de las mujeres a nivel mundial experimentará violencia sexual u otro tipo de violencia física a lo largo de su vida, principalmente a manos de su pareja, quienes se han identificado como responsables de cerca del 40 por ciento de todos los casos de feminicidio en el mundo.

A lo que se suma que en 143 países las mujeres dicen sentirse temerosas de padecer alguna agresión basada en género, y sostienen que se sienten más inseguras que los varones ante la violencia.

Información: CIMAC

viernes, 1 de febrero de 2013

Aumento en violencia en América Latina debe incluirse en nueva agenda de desarrollo: expertos



Hernando Gómez Buendía, consultor de la ONU  y director de informes de Desarrollo Humano en AL



El grave y creciente problema de la violencia aparece como un obstáculo al desarrollo en muchos países de América Latina, por lo que el tema debe incluirse en la agenda posterior al 2015, cuando vence el plazo para los Objetivos del Milenio, afirmaron expertos en un foro que concluyó este viernes en Panamá.

La ONU reunió en la capital panameña a sus expertos, así como representantes gubernamentales y de la sociedad civil, para buscar incorporar en la nueva agenda de desarrollo los retos y desafíos que plantea la violencia y la seguridad ciudadana en el futuro.

“Desgraciadamente la violencia en América Latina es una de las más altas en el mundo”, ya que es la única región en la que en los últimos diez años ese fenómeno social “ha aumentado en vez de disminuir”, declaró a Efe el consultor de la ONU y director de varios informes de Desarrollo Humano en América Latina sobre seguridad, el colombiano Hernando Gómez Buendía.

Debido a ello, el tema de la violencia y la seguridad ciudadana en la región ha surgido con “mucha fuerza” en las consultas que realizan las Naciones Unidas, en el marco de una serie de reuniones globales que comenzaron hace más de un año e involucran a un centenar de países.

“En América Latina tenemos diez de los 18 países con tasas por encima de 20 homicidios por cada 100 mil habitantes, eso incluye a Panamá, son tasas que la Organización Mundial de la Salud considera epidémicas”, señaló Gómez.

La tasa anual de homicidios por cada 100 mil habitantes disminuyó a 18 en el 2012, según un informe ofrecido el pasado 10 de enero por el ministro de Seguridad Pública, José Raúl Mulino.

Gómez resaltó que el promedio de la tasa de homicidio en el mundo es de ocho por cada 100 mil habitantes, mientras que en América Latina “supera los 20″.

Citó el caso de Guatemala, Honduras y El Salvador, integrantes del llamado Triángulo Norte, “donde se habla de 40 o más homicidios”, lo mismo que en algunas ciudades de Colombia, Brasil y en Venezuela, lo que consideró como “realmente grave y muy serio”.

En algunos de esos casos, “el crimen organizado casi que hace fracasar al Estado, convirtiéndose en un desafío mayor, casi una guerra interna”, añadió el asesor de las Naciones Unidas.

La región también está azotada por la violencia callejera, que es “realmente una epidemia”, con 4 de cada 10 latinoamericanos víctimas de un robo el último año, detalló Gómez.

“Por eso, para América Latina en particular, esta consulta y este tema realmente lo que está diciendo (es que) el nuevo problema, el nuevo desafío del desarrollo se llama la violencia”, recalcó el experto colombiano.

Solo habría que establecer “cuál sería la meta precisa” en relación a ella, subrayó.

Por su parte, el español Magdy Martínez Soliman, vicedirector del Bureau de Políticas de Desarrollo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), dijo a Efe que el tema de la seguridad ciudadana “es fundamental”.

Existen “dos preocupaciones muy claras: una el crimen organizado, y la otra la violencia de género”, dos temas que siempre han estado latentes pero cobran mayor importancia porque, de alguna manera, “han ido creciendo más de prisa de lo que los Estados han sido capaces de darle respuesta”.

Martínez aseguró que Naciones Unidas cree que la futura agenda después del 2015 tendrá un capítulo de gobernabilidad, y en ese capítulo los temas de seguridad personal y ciudadana podrían figurar.

Aclaró que no le corresponde a la ONU como organismo decidirlo, sino a los Estados miembros que definirán, en base a las sugerencias de los expertos que ha participado en las consultas globales, si quieren incluir esos temas.

Fuente: EFE

viernes, 11 de enero de 2013

¿ Por qué la (in)seguridad ciudadana en Latinoamérica?



Foto: Red


América Latina ha tenido un destacado desempeño económico en la última década, acompañado por una reducción significativa en los niveles de pobreza y, en algunos países, también en los niveles de desigualdad. Si comparamos la situación actual con lo que sucedía hace dos décadas, la región tiene hoy en día economías más fuertes e integradas, democracias más consolidadas, así como Estados que han asumido mayores responsabilidades en la protección social. Pero el flanco débil de la región es la violencia, el crimen y la inseguridad.

Con intensidades diferenciadas entre países, la región sufre de una epidemia de violencia, acompañada por el crecimiento y difusión de los delitos, así como por el aumento del temor entre los ciudadanos. Entre 2000 y 2010 la tasa de homicidios de la región creció 11%, mientras que en la mayoría de las regiones del mundo descendió. Si consideramos los países que tienen información entre 1980 y principios de 1990, en comparación al momento actual, encontraremos que los robos se han casi triplicado en los últimos 25 años. Más aún, 1 de cada 10 robos se producen con violencia, en su gran mayoría a través del uso de armas de fuego y 1 de cada 10 latinoamericanos han sido víctimas de violencia intrafamiliar. En un día típico en América Latina 460 personas sufren las consecuencias de la violencia sexual; la mayoría son mujeres.

El deterioro de la seguridad no se ha dado de manera homogénea. Cuando desagregamos los delitos por países encontramos dos Américas Latinas: una en la cual la violencia letal es la que más aqueja a la población, con países que sufren verdaderas espirales de violencia, y otra en la que los niveles de homicidio son relativamente bajos, pero en la que el aumento repentino y considerable de los delitos patrimoniales ha disparado la percepción de inseguridad en la ciudadanía. Al mismo tiempo, al interior de los países la situación es heterogénea, con municipios y estados que tienen indicadores comparables a los países de Europa y lugares en los que la violencia letal es incluso mayor a la de países en guerra.

Los latinoamericanos tenemos menos pobreza, menos desigualdad y democracias relativamente estables en la región, pero mayores niveles de inseguridad. ¿Qué ocurrió?

En un día en América Latina 460 personas sufren las consecuencias de la violencia sexual; la mayoría mujeres

Esta es una de las preguntas centrales que ha asumido el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) a través de la elaboración en curso de un Informe de Desarrollo Humano para América Latina, el cual tiene como tema central la seguridad ciudadana. El informe señala cuatro claves para responder a esta pregunta. Primero, los Estados de la región siguen teniendo déficits de capacidades en materia de justicia y seguridad. Esto se refleja en índices de impunidad alarmantes, la crisis que atraviesan sus sistemas carcelarios y en la desconfianza de la ciudadanía hacia las instituciones de justicia y policía. Es justamente a la luz de estos déficits que la privatización de la seguridad ha ido ganando fuerza, lo cual tiende a profundizar la desigualdad en el acceso a la seguridad y deja sin resolver los retos que atraviesa el Estado como principal garante de la seguridad ciudadana.

Segundo, el informe constata que la región ha crecido más en cantidad que en calidad: continúa teniendo fragilidades en el empleo, rezagos en la inclusión de las poblaciones más jóvenes, crecimientos urbanos acelerados acompañados de fracturas en el tejido social y de clases medias vulnerables.

Tercero, los vínculos comunitarios como la familia, la escuela y la comunidad han perdido su fuerza en algunos contextos como tensores sociales que permiten desarrollar formas positivas de convivencia. La inseguridad ha reconfigurado el tejido social en las sociedades latinoamericanas reduciendo los espacios de cooperación, confianza y participación ciudadana y propiciando, en algunos casos, formas de organización distorsionadas por el temor y la desconfianza como la llamada “justicia por mano propia.”

La agudización de las amenazas limita gravemente las capacidades y libertades de los latinoamericanos

Cuarto, la multiplicación y agudización de las amenazas a la seguridad tanto en espacios privados como públicos limitan gravemente las capacidades y libertades de los latinoamericanos. Si bien el crimen organizado ha ganado notoriedad como dinamizador de la violencia y el crimen a nivel local y transnacional, la afectación cotidiana de los ciudadanos revela que están expuestos a muchas otras amenazas como el delito callejero, la violencia de género y la violencia ejercida por y en contra de los jóvenes, y que dichas amenazas se entrecruzan y retroalimentan en la práctica.

Estas cuatro claves revelan la complejidad y multiplicidad de los problemas que subyacen a la inseguridad ciudadana. Más aún, exigen pensar en respuestas integrales de política pública, incluyendo el papel de los actores no estatales y de la comunidad internacional. Sabemos bien que hay que pasar de la reflexión a la acción, con respuestas creativas e innovadoras, aprendiendo de los aciertos y las fallas. De ahí que el objetivo más importante del Informe de Desarrollo Humano para América Latina 2013 –que cuenta con la colaboración de distinguidos especialistas, representantes del quehacer público y la sociedad civil–, sea contribuir a la creación de mejores y más efectivas políticas públicas en aras de proteger a las y los ciudadanos de América Latina.

Por Heraldo Muñoz*

(*) Heraldo Muñoz es subsecretario general de Naciones Unidas y director regional para América Latina y el Caribe del PNUD.