Subscribete:

Leaderboard

Mostrando entradas con la etiqueta alimentos transgénicos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alimentos transgénicos. Mostrar todas las entradas

viernes, 30 de mayo de 2014

Monsanto, la semilla del diablo






”La semilla del diablo”, así fue como el popular presentador del canal estadounidense HBO Bill Maher bautizó, en uno de sus programas y en referencia al debate sobre los Organismos Genéticamente Modificados, a la multinacional Monsanto. ¿Por qué? ¿Se trata de una afirmación exagerada? ¿Qué esconde esta gran empresa de la industria de las semillas? El domingo pasado, precisamente, se celebró la jornada global de lucha contra Monsanto. Miles de personas en todo el planeta se manifestaron contra las políticas de la compañía.


Monsanto es una de las empresas más grandes del mundo y la número uno en semillas transgénicas, el 90% de los cultivos modifica dos genéticamente en el mundo cuentan con sus rasgos biotecnológicos . Un poder total y absoluto. Asimismo, Monsanto está a la cabeza de la comercialización de semillas, y controla el 26% del mercado. A más distancia, la sigue DuPont-Pioneer, con un 18%, y Syngenta, con un 9%. Solo estas tres emp resas dominan más de la mitad, el 53%, de las semillas que se compran y venden a escala mundial. Las diez grandes, controlan el 75% del mercado, según datos del Grupo ETC. Lo que les da un poder enorme a la hora de imponer qué se cultiva y, en consecuencia, qué se come. Una concentración empresarial que ha ido en aumento en los últimos años y que erosiona la seguridad alimentaria.

La avaricia de estas empresas no tiene límites y su objetivo es acabar con variedades de semillas locales y antiguas, aún hoy con un peso muy significativo especialmente en las comunidades rurales de los países del Sur. Unas semillas autóctonas que representan una competencia para las híbridas y transgénicas de las multinacionales, las cuales privatizan la vida, impiden al campesinado obtener sus propias simientes, los convierten en “esclavos” de las compañías privadas, a parte de su negativo impacto medioambiental, con la contaminación de otros cultivos, y en la salud de las personas. Monsanto no ha escatimado recursos para acabar con las semillas campesinas: demandas legales contra agricultores que intentan conservarlas, patentes monopólicas, desarrollo de tecnología de esterilización genética de simientes, etc. Se trata de controlar la esencia de los alimentos, y aumentar así su cuota de negocio.

La introducción en los países del Sur, en particular en aquellos con vastas comunidades campesinas capaces todavía de proveerse de semillas propias, es una prioridad para estas compañías. De este modo, las multinacionales semilleras han int ensificado las adquisiciones y alianzas con empresas del sector principalmente en África e India, han apostado po r cultivos destinados a los mercados del Sur Global y han promovido políticas para desalentar la reserva de simientes. Monsanto, como reconoce su principal rival DuPont-Pioneer, es el “guardián único” del mercado de semillas, controlando, por ejemplo, el 98% de la comercialización de soja transgénica tolerante a herbicida y el 79% del maíz, como recoge el informe ¿Quién controla los insumos agrícolas? Lo que le da suficiente poder como para determinar el precio de las simientes con independencia de sus competidores.

De las simientes a los agrotóxicos
Sin embargo, Monsanto no tiene suficiente con controlar las semillas sino que, para cerrar el círculo, busca dominar también aquello que se aplica a su cultivo: los agrotóxicos. Monsanto es la quinta empresa agroquímica mundial y controla el 7% del mercado de insecticidas, herbicidas, fungidas, etc., por detrás de otras empresas, líderes a la vez en el mercado de las simientes, como Syngenta que domina el 23% del negocio de los agrotóxicos, Bayer el 17%, BASF el 12% y Dow Agrosciences casi el 10%. Cinco empresas controlan así el 69% de los pesticidas químicos de síntesis que se aplican a los cultivos a escala mundial. Los mismos que venden al campesinado las semillas híbridas y transgénicas son los que les suministran los pesticidas a aplicar. Negocio redondo.

El impacto medioambiental y en la salud de las personas es dramático. A pesar de que las empresas del sector señalan el carácter “amigable” de estos productos con la naturaleza, la realidad es justo todo lo contrario. Hoy, tras años de suministro del herbicida de Monsanto Roundup Ready, a base de glifosato, que ya en 1976 fue el herbicida más vendido del mundo, según datos de la misma compañía, y que se aplica a las semillas de Monsanto modificadas genéticamente para tolerar dicho herbicida mientras que éste acaba con la maleza, varias son las hierbas que han desarrollado resistencias. Solo en Estados Unidos, se estima que han aparecido unas 130 malezas resistentes a herbicidas en 4,45 millones de hectáreas de cultivos, según datos delGrupo ETC. Lo que ha llevado a un aumento del uso de agrotóxicos, con aplicaciones más frecuentes y dosis más elevadas, para combatirlas, con la consiguiente contaminación ambiental del entorno.

Las denuncias de campesinos y comunidades afectadas por el uso sistemático de pesticidas químicos de síntesis es una constante. En Francia, el Parkinson es incluso considerado una enfermedad laboral agrícola causada por el uso de agrotóxicos, después que el campesino Paul François ganará la batalla judicial contra Monsanto, en el Tribunal de Gran Instancia de Lyon en 2012, y consiguiera demostrar que su herbicida Lasso era responsable de haberlo intoxicado y dejado inválido. Una sentencia histórica, que permitió sentar jurisprudencia. El caso de las Madres de Ituzaingó, un barrio de las afueras de la ciudad argentina de Córdoba, rodeado de campos de soja, en lucha contra las fumigaciones es otro ejemplo. Tras diez años de denuncia, y después de ver como el número de enfermos de cáncer y niños con malformaciones en el barrio no hacía sino aumentar, de cinco mil habitantes dos cientos tenían cáncer, consiguieron demostrar el vínculo entre dichas enfermedades y los agroquímicos aplicados en las plantaciones sojeras de sus alrededores (endosulfán de DuPont y glifosato de Roundup Ready de Monsanto). La Justicia prohibió, gracias a su movilización, fumigar con agrotóxicos cerca de zonas urbanas. Estos son tan solo dos casos de los muchos que podemos encontrar en todo el planeta.

Ahora, los países del Sur son el nuevo objetivo de las empresas de agroquímicos. Mientras que las ventas globales de pesticidas descendieron en los años 2009 y 2010, su uso en los países de la periferia aumentó. En Bangladesh, por ejemplo, la aplicación de pesticidas creció un 328% en la década del 2000, con el consiguiente impacto en la salud de los campesinos. Entre 2004 y 2009, África y Medio Oriente tuvieron el mayor consumo de pesticidas. Y en América Central y del Sur se espera un aumento del consumo en los próximos años. En China, la producción de agroquímicos alcanzó en 2009 dos millones de toneladas, más del doble que en 2005, según recoge el informe ¿Quién controlará la economía verde? Business as usual.

Una historia de terror
Pero, ¿de dónde surge dicha empresa? Monsanto fue fundada en 1901 por el químico John Francis Queeny, proveniente de la industria farmacéutica. Su historia es la historia de la sacarina y el aspartamo, del PBC, del agente de naranja, de los transgénicos. Todos fabricados, a lo largo de los años, por dicha empresa. Una historia de terror.

Monsanto se constituyó como una empresa química y, en sus orígenes, su producto estrella era la sacarina, que distribuía para la industria alimentaria y, en particular, para Coca-Cola, del que fue uno de sus principales proveedores. Con los años, expandió su negocio a la química industrial, convirtiéndose, en la década de los 20, en uno de los mayores fabricantes de ácido sulfúrico. En 1935, absorbió a la empresa que comercializaba policloruro de bifenilo (PCB), utilizado en los transformadores de la industria eléctrica. En los 40, Monsanto centró su producción en los plásticos y las fibras sintéticas, y, en 1944, comenzó a producir químicos agrícolas como el pesticida DDT. En los 60, junto con otras empresas del sector como Dow Chemical, fue contratada por el gobierno de Estados Unidos para producir el herbicida agente naranja, que fue utilizado en la guerra de Vietnam. En este período, se fusionó, también, con la empresa Searla, descubridora del edulcorante no calórico aspartamo. Monsanto fue productora, asimismo, de la hormona sintética de crecimiento bovino somatotropina bovina. En la década de los 80 y 90, Monsanto apostó por la industria agroquímica y transgénica, hasta llegar a convertirse en la número uno indiscutible de las semillas modificadas genéticamente.

Actualmente, muchos de los productos made by Monsanto han sido prohibidos, como los PCB, el agente naranja o el DDT, acusados de provocar graves daños en la salud humana y el medio ambiente. Solo el agente naranja en la guerra de Vietnam fue responsable de decenas de miles de muertos y mutilados, así como de pequeños nacidos con malformaciones. La somatotropina bovina también está vetada en Canadá, la Unión Europea, Japón, Australia y Nueva Zelanda, a pesar de que se permite en los Estados Unidos. Lo mismo ocurre con el cultivo de transgénicos, omnipresente en Norte América, pero prohibido su cultivo en la mayoría de países europeos, a excepción, por ejemplo, del Estado español.

Monsanto, asimismo, se mueve como pez en el agua en las bambalinas del poder. Wikileaks lo dejó claro cuando filtró más de 900 mensajes que mostraban cómo la administración de Estados Unidos había gastado cuantiosos recursos públicos para promocionar a Monsanto y a los transgénicos en muchísimos países, a través de sus embajadas, su Departamento de Agricultura y su agencia de desarrollo USAID. La estrategia consistía y consiste en conferencias “técnicas” desinformando a periodistas, funcionarios y creadores de opinión, presiones bilaterales para adoptar legislaciones favorables y abrir mercado a las empresas del sector, etc. El gobierno español es en Europa el principal aliado de EEUU en dicha materia.

Plantar cara

Ante tanto despropósito, muchos no callan y plantan cara . Miles son las resistencias contra Monsanto en todo el mundo. El 25 de mayo ha sido declarado jornada de acción global contra dicha compañía y centenares de manifestaciones y acciones de protesta se llevan a cabo ese día alrededor del globo. En 2013 se realizó la primera convocatoria, miles de personas salieron a la calle en varias ciudades de 52 países distintos, desde Hungría hasta Chile pasando por Holanda, Estado español, Bélgica, Francia, Sudáfrica, Estados Unidos, entre otros, para mostrar el profundo rechazo a las políticas de la multinacional. El domingo pasado, día 25, la segunda convocatoria, menos concurrida, se llevó a cabo con acciones en 49 países.

América Latina es, en estos momentos, uno de los principales frentes de lucha contra la compañía. En Chile, la movilización logró, en marzo del 2014, la retirada de la conocida como Ley Monsanto que pretendía facilitar la privatización de la semillas locales y dejarlas a manos de la industria. Otra gran victoria fue en Colombia, un año antes, cuando el masivo paro agrario, en agosto del 2013, logró la suspensión de la Resolución 970, que obligaba a los campesinos a usar exclusivamente semillas privadas, compradas a las empresas del agronegocio, y les impedía guardar las suyas propias. En Argentina, los movimientos sociales están, asimismo, en pie contra otra Ley Monsanto, que pretende aprobarse en el país y subordinar la política nacional de semillas a las exigencias de las empresas transnacionales. Más de cien mil argentinos han firmado ya contra dicha ley en el marco de la campaña No a la Privatización de las Semillas.

En Europa, Monsanto quiere ahora aprovechar la grieta que abren las negociaciones del Tratado de Libre Comercio Unión Europea-Estados Unidos (TTIP) para presionar en función de sus intereses particulares y poder legislar por encima de la voluntad de los países miembros, muchos contrarios a la industria transgénica. Las resistencias en Europa contra el TTIP, esperemos, no se hagan esperar.

Monsanto es la semilla del diablo, sin lugar a dudas.

Por Esther Vivas

viernes, 18 de abril de 2014

Monsanto arremete nuevamente con caras verduras "orgánicas"





La estrella de todas, es un fruto, el Melorange, variación del melón. Fue lanzado en el invierno del 2011, disponible de diciembre a abril. Su característica es que es 30 por ciento más dulce que un melón normal. Se obtuvo de cruzar cantalupos con melones europeos que contienen un gen responsable del citrón, el cual le da un aroma más frutoso y floral.


En un artículo anterior, me referí a lo lucrativo que es el manejo y procesamiento de alimentos, los que, incluso, desde hace algunos años, se han ido alterado genéticamente con tal de darles características especiales que los hagan más resistentes, dicen sus creadores, por ejemplo, a plagas o a sequías.

Particularmente, la empresa agroestadounidense Monsanto se ha caracterizado por ser la que más ha promovido la modificación genética de los alimentos. Monsanto fue formada en 1901, por John Francis Queeny, con la inicial finalidad de producir el endulzante llamado sacarina (muy empleado por los diabéticos). Monsanto era el apellido de su esposa, la señora Olga Monsanto.

Eran muy buenos tiempos para las empresas químicas, sobre todo porque la avalancha de invenciones que se dio a finales del siglo diecinueve y principios del veinte, demandaba muchos compuestos y bases industriales. Ya en los años 1920’s, Monsanto se había expandido para producir ácido sulfúrico y bifenilo policlorado, PCB, un enfriador empleado en los primeros transformadores y motores eléctricos y que habría de seguirse empleando hasta los años 1980’s, pero se suspendió su uso, al comprobar que era una muy peligrosa sustancia para el medio ambiente, cuyos contaminantes efectos perduran por años (Monsanto, que era la única empresa que lo seguía produciendo en EU, suspendió voluntariamente su fabricación en 1985, debido a su alta peligrosidad).

Luego de esos desatinos (como en muchas otras cosas que ha hecho Monsanto), se puso la empresa a fabricar plásticos y telas sintéticas y en los años 1960’s, fundó una división para producir herbicidas, incluido el defoliante llamado “Agente Naranja”, muy empleado en la guerra contra Vietnam, como arma química para “despejar” (o sea, destruir) las áreas boscosas en donde se escondían los enemigos, con tal de evitar emboscadas, pero también se empleó para destruir sus cosechas, con tal que carecieran de alimentos y lograr su pronta rendición (ya desde la intervención inglesa en Malasia, se empleó ese peligroso herbicida). La otra empresa que lo fabricaba era Dow Chemical, pero era tan tóxico, que no sólo acababa con plantas y árboles, sino que envenenaba y mataba a soldados y civiles. De hecho, sus perniciosos efectos están aún presentes en tierras muy contaminadas por ese mortal químico (desde el 2012, se han llevado a cabo programas conjuntos entre los gobiernos de Vietnam y EU para limpiar miles de hectáreas de tierras aún contaminadas desde la guerra).

En los 1970’s, Monsanto inventó otro herbicida, el Roundup, cuyo elemento activo es el glifosato. Ese herbicida era empleado por los granjeros, con tal de que combatiera las hierbas que crecen entre los cultivos, y lograr, así, que aumentara la producción. Y luego, muy convenientemente, Monsanto, en los 1990’s, comenzó a incursionar en la agricultura, empleando su pasada “experiencia” para elaborar tipos de cultivo que resistieran, ¡háganme favor!, su propio herbicida. Buena receta, inventar un veneno y, luego, el antídoto, con tal de acaparar muerte y vida. De allí, surgieron sus cereales frankenfood, caracterizados por alterarlos genéticamente. Consiste el procedimiento en inocular a nivel molecular una característica que haga a una planta resistente, por ejemplo, a una plaga o a sequía o, incluso, que no puedan crecer sus semillas (eso, para, según Monsanto, “proteger sus patentes”, como si a la naturaleza se le pudiera patentar). Así que la falta de ética de Monsanto, como se ve, proviene casi desde su fundación.

Como señalé, la alteración genética iniciada por Monsanto se logró inoculando a nivel molecular características tan absurdas que, por lo mismo, cada vez más y más sus creaciones frankenfood han ido rechazándose en muchos países. Por ejemplo, en el caso de sus cepas de maíz transgénico, como la Cry3Bb1 (llamado Terminator, puesto que sus semillas no germinan, con tal de “proteger” su patente), lleva inoculada una toxina derivada de la bacteria Bacillus thuringiensis, Bt, que, supuestamente, lo hace más resistente a las plagas, además de que “consume menos agua”. Todas esas afirmaciones, se han ido desmintiendo por científicos que han estudiado dicho maíz y han concluido que ni es tan resistente a las plagas, ni consume menos agua, pues, al contario, requiere tal maíz más líquido. La tan presumida resistencia a las plagas, quedó en entredicho, pues la larva de un escarabajo de Estados Unidos, ya se está alimentando de maíz transgénico, como demuestra una reciente investigación (http://www.zmescience.com/science/biology/bugs-resistance-gmo-corn-25032014 /?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+zmescience+%28 ZME+Science%29). Que un simple escarabajo haya ya desarrollado resistencia, no sólo a un tipo de maíz transgénico, sino a dos, el Cry3Bb1 y el mCry3A, demuestra que con la Naturaleza no se puede jugar y, mucho menos, “patentar”, como Monsanto ha pretendido. Ni sus sucias prácticas legaloides de “demandar” a quienes siembren “sin permiso” su soya transgénica o que si sus cultivos se hubieran contaminado con el polen de aquélla y no lo reportaran, como sucedió con un granjero canadiense, evitó que ya, como señalé, un escarabajo se haya vuelto resistente y esté invadiendo las cosechas del maíz transgénico (en la cinta “Food Inc.”, se muestra el duro actuar de Monsanto contra granjeros estadounidenses que vuelven a sembrar la soya transgénica: http://www.youtube.com/watch?v=mrUrQIwOCO4. Ver mi artículo citado).




Además, experimentos recientes, practicados con ratas, a las que se les alimentó con una dieta equivalente a lo que ingeriría una persona, incluyendo maíz transgénico, mostraron que en pocos meses dichas ratas desarrollaron terribles tumores.

A pesar de ello, muchos “científicos” desdeñan tales experimentos, especialmente Monsanto, tildándolos de faltos de seriedad, de ética y de haberlos efectuado bajo prácticas poco confiables (http://www.forbes.com/sites/jonentine/2013/11/29/notorious-seralini-gmo-cancer-rat-study-retracted-ugly-legal-battle-looms/2/).

De todos modos, ello ha redundado mucho en el desprestigio de Monsanto, por lo que últimamente ha pretendido volverse “orgánica”, como veremos.

Busca hacerlo con la manipulación de hortalizas, pero, aseguran sus directivos, de una forma “orgánica”, nada de insertar genes, como hizo con su maíz, sino “natural”. De hecho, intentó hace unos años colocar en el mercado un jitomate modificado genéticamente para que durara más, antes de madurar demasiado. El llamado Flavr Savr fue manipulado para que produjera menos cantidad de una enzima llamada poligalacturonasa, que es la causante de que el jitomate madure demasiado pronto y por eso se debe de cosechar aún verde. Pero con la manipulación hecha por Monsanto, tardaba más en madurar y pudrirse. Y no sólo eso, sino que también se le manipuló su sabor, con tal de hacerlo más “crujiente”. En efecto, el manipulado vegetal sabía más a papa, que a jitomate. Calgene era la división de Monsanto encargada de realizar dicha modificación (era una compañía biogenética independiente que trabajaba justo en la manipulación del jitomate y que Monsanto compró a mediados de los noventas).

Sin embargo, el Flavr Savr no fue aceptado, sobre todo en Europa, en donde se opusieron a sembrar y consumir tal engendro, pues no es posible determinar qué daños pueda ocasionar un vegetal que se haya manipulado para no pudrirse tan pronto. Además, como le costaba muy caro a Monsanto producir dicho jitomate transgénico, no dudó en terminar con el proyecto, así como con Calgene, en el 2001.

Por tanto, Monsanto decidió cambiar de táctica. El ejecutivo encargado de Calgene, el señor David Stark, biólogo molecular, fue reasignado a otro proyecto, que consistió en la “cruza” acelerada mediante máquinas especiales y modelos computarizados de hortalizas, para obtener, así, tipos de tales hortalizas que representaran un óptimo en cuanto a textura, pero, sobre todo, en cuanto a sabor.

Sobre todo en sabor, Monsanto ha pretendido las “mejoras” haciendo más dulces sus creaciones, especialmente las frutas, como señalo más adelante. Se trata de cuatro hortalizas: lechuga, cebolla, brócoli y pimientos, y una fruta: melón, pero Monsanto sostiene que los ha mejorado con técnicas “tradicionales”, sin recurrir a la alteración genética, como hizo con el maíz o la soya transgénicos.

Como menciono arriba, mediante máquinas y modelos computarizados, Monsanto selecciona las mejores especies de lo que desea mejorar, ciertas características, tales como consistencia, sabor, textura. Esos fenotipos provienen de genotipos, o sea, los genes responsables de que se generen de la forma deseada. Así, se toman muestras de esas plantas, las mejores, y se insertan en una máquina que puede leer hasta 200 mil de tales muestras por semana. También tiene otra máquina llamada “pulverizador de semillas”, con la que puede analizar el plasma germinal de una planta. Con esas técnicas se identifican las mejores características de una planta, que la harán, digamos, única. Stark dice que es como si se hicieran millones de cruzas e injertos, que, en forma natural, tomaría mil años, pero “gracias” a Monsanto, eso se hace en años. “De hecho, la probabilidad de que una sola planta posea 20 características deseadas, en forma natural, es de una en dos billones”, presume Stark.

Una vez que se obtiene el vegetal con las características deseadas, se pone a prueba, sembrándolo y ya que crece y se cosecha, se hacen degustaciones entre todo tipo de personas, desde granjeros, hasta chefs, con tal de que den su visto bueno o rechazo a la nueva creación.





Y, en efecto, las hortalizas mencionadas antes, han gustado mucho, pues cada una goza de ciertas características que la hacen más atractiva. Por ejemplo, el brócoli, bautizado como Beneforte, que fue lanzado por primera vez en el otoño del 2010, y está disponible todo el año. Esta cruza contiene tres veces más glucorafanina, compuesto que incrementa los niveles de antioxidantes en el organismo, la cual se obtuvo cruzando brócoli normal con una especie silvestre, única, que crece en el norte de Italia. Se siembra actualmente en Arizona, California y en ¡México! Y justo, éstas son de las novedades de las que se entera uno cuando se hacen investigaciones como la presente, que sólo así se conozca lo que ninguna autoridad del país ha revelado, que ya se siembra ese vegetal en el país. Habrá que preguntarse si el polen del Beneforte puede contaminar al brócoli normal y darle sus características y, de ser así, si Monsanto actuará “legalmente” contra los campesinos que siembran brócoli normal, que no le den aviso, en caso de que sus siembras se llegaran a contaminar, con tal de que ese “preciado vegetal patentado” no se obtenga por otros medios, más que por las semillas vendidas legalmente por Monsanto.

Otro vegetal es un pimiento llamado BellaFina (¡vaya nombre!), el que vio la luz en el otoño del 2011, del que se dispone todo el año. Este pimiento, que, al igual que el Beneforte, asegura Monsanto que es “orgánico”, sin modificación genética (aunque obtenido, como dije, por acelerados métodos computarizados, así que no parecen tan orgánicos), son un tercio en tamaño de un pimiento normal, según para que no se desperdicien tanto y se aprovechen mejor al cocinar (no veo mucha ventaja en ello). Se obtuvo cruzando sucesivamente plantas cada vez más pequeñas. Se cultiva en California, Florida y Carolina del Norte.

Un tercer vegetal “orgánico” muy promovido es una cebolla morada, bautizada como EverMild. Lanzada en el otoño del 2010, está disponible de septiembre a Marzo. Es más suave y dulce que la normal, además de que reduce el lloriqueo de los ojos, asegura Stark. Se obtuvo seleccionando plantas con menores niveles de piruvato, el cual determina el picor y el efecto lacrimoso que ocasiona la cebolla normal (lo cual, no tiene nada de malo, pues, incluso, es un buen antiséptico para los ojos). Se cultiva en la región noroeste de Estados Unidos.





La Frescada, lechuga, es otra de las hortalizas muy presumida por Monsanto, sobre todo por su sabor muy dulzón y por tener una consistencia más crujiente que la normal (Stark dice que, incluso, puede emplearse como botana). También aseguran que dura más (no se pudre tan pronto) y que contiene 146 por ciento más folato y 74 por ciento más vitamina C, lo que la hace “más nutritiva”. Se obtuvo cruzando dos especies de lechuga, la romana y la orejona (en EU le llaman iceberg). Disponible todo el año y se siembra en Arizona (desértico estado, ¿de dónde sacarán tanta agua que se requiere para sembrar hortalizas?) y California.

Y la estrella de todas, es un fruto, el Melorange, variación del melón. Fue lanzado en el invierno del 2011, disponible de diciembre a abril. Su característica es que es 30 por ciento más dulce que un melón normal. Se obtuvo de cruzar cantalupos con melones europeos que contienen un gen responsable del citrón, el cual le da un aroma más frutoso y floral. Según declara Stark, no tiene nada que ver con el melón normal, pues éste “es como si comieras un melón súpercargado”, se jacta. Para él, el melón normal es pasable y ya, pero con el Melorange “¡siempre pedirás más!”. Vaya comparación, pues es como si se comparara una vaca normal, con una vaca Hertford, muy fina.


Pero todo ese pretendido organicismo, tiene su precio. En efecto, esas verduras y la fruta, son más caras. El brócoli injertado cuesta $2.50 dólares el medio kilo, o sea, unos 35 pesos, cuando que el precio del brócoli normal fluctúa alrededor de los cinco pesos. Los pimientos cuestan $1.50 dólares la bolsa con tres, unos 21 pesos, mientras que el kilo de normales cuesta entre ocho y diez pesos, que son unos cinco pimientos normales. El melón cuesta $3.00 dólares cada uno, 42 pesos, cuando que el normal vale unos diez pesos el kilo (me refiero a precios de temporada). La cebolla cuesta $2.00 dólares el medio kilo, 24 pesos, en tanto que la normal cuesta unos cuatro pesos. Por último, la lechuga de Monsanto vale $2.50 dólares el medio kilo, 35 pesos, en tanto que una lechuga normal vale de 5 a 10 pesos. Como se ve, en casi todos los casos, los precios son más de seis veces los de las hortalizas normales. Claro que si Monsanto logra que sus verduras y frutas “orgánicas” se impongan sobre las convencionales, a través de sus monopolistas, tramposas prácticas, sus ganancias se incrementarían aún más, a pesar de ser tan caras, sin esperar que el precio bajara en el futuro, pues de hecho los costos de los alimentos continúan incrementándose, debido a las prácticas monopólicas de Monsanto y otras gigantes agroindustriales, como Cargill, Perdue Farms, Conagra, Tyson, General Foods, entre otras (controlan más del 80% de la producción mundial agroindustrial), además de la escases debida a rendimientos decrecientes de las tierras agrícolas, y por las sequías y el cambio climático (ver mi artículo: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2010/08/la-muy-lucrativa-adictiva-engordante-y_01.html).

De todos modos, la venta de esos vegetales, ya le redituó $821 millones de dólares en el 2013, que para una empresa con ingresos anuales por $14,000 millones de dólares, dice Stark, “no está nada mal”.

Y de hecho, ya varias cadenas de supermercados estadounidenses distribuyen sus vegetales. Por lo mismo, planea Monsanto seguir creando más cruzas. Para ello, en el 2005, compró a la empresa Seminis, dedicada a vender plasma germinal en grandes cantidades (justo es con lo que pudo experimentar Monsanto las distintas cruzas de sus vegetales). También posee Monsanto un gran invernadero en las montañas de Guatemala, en donde el aire seco y caliente, permite hasta cuatro cosechas por año, muy bueno para la investigación, asegura. Así mismo, adquirió De Ruiter, una de las empresas más grandes que producen semillas de invernadero. Y en el 2013 compró a la empresa Climate Corporation, compañía que analiza el clima mediante el manejo de millones de datos, y que puede dar informes fidedignos de que tipo de plantas se requieren para que sobrevivan el calentamiento global en determinada región (de hecho, el calentamiento global ya se está volviendo muy lucrativo. Ver mi artículo: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2014/03/el-muy-lucrativo-calentamiento-global.html).

En lo que también insiste Monsanto es en hacer más “sabrosas” sus frutas, sobre todo, más dulces, pues esa es su idea de “mejorar” el sabor. Su filosofía es “logra que la fruta sea más sabrosa y la gente comerá mucho más”. “Eso es bueno para la sociedad y, seamos francos, muy bueno para los negocios”, afirma Stark, jactancioso. Claro, a fin de cuentas, en efecto, se trata de ganar y ganar, aunque se hagan frutas más dulces y, por lo mismo, con más calorías, lo cual no es, precisamente, bueno para la salud. Nadie antes ha manipulado los niveles de azúcar en la forma en que lo está haciendo Monsanto. “No es más que un experimento”, dice al respecto Robert Lustig, endocrinólogo pediatra, y presidente del Instituto para la Nutrición Responsable. “El único resultado que espera Monsanto es el de la ganancia”.

Y por ello, a pesar de que se presente como “muy orgánica”, no abandona Monsanto sus prácticas monopolistas. La compañía impone severas cláusulas para los granjeros que compran sus semillas de hortalizas, igual que hace con su soya o maíz transgénicos, sobre todo la estricta prohibición de que dichos granjeros vuelva a sembrar sus semillas (¡absurda medida!). Aunque hace algunas concesiones, si no se logran las cosechas como se espera que se den, claro, siempre y cuando se haya cumplido con todas las medidas que exige para que se siembren sus vegetales. Todo ello con tal de que los vegetales mencionados, y los que siga produciendo, se vayan reconociendo por los consumidores, confíen en ellos, se acostumbren a comprarlos y ya no los cambien por nada, como dice Stark. “Eso es lo que en realidad deseo, que crezcan y crezcan las ventas”.

En fin, como puede verse, nada es desinteresado dentro del capitalismo salvaje, el que aparentará dejar de serlo, capitalismo salvaje, con tal de lograr sus lucradores objetivos.

Por Adán Salgado Andrade
Ecoportal.net Argenpress

martes, 15 de abril de 2014

Los alimentos más insalubres que pueden provocar cáncer



La diabetes aumenta el riesgo de padecer cáncer de mama y colon. Foto: Red

La afirmación "todo causa cáncer" se ha convertido en una hipérbole popular, y algunas personas la utilizan como excusa para justificar su dieta y estilo de vida, sobre todo en lo que se refiere al riesgo de cáncer.


Según el portal Natural News, la verdad es que, en efecto, se ha demostrado científicamente que muchos alimentos aumentan sustancialmente el riesgo de padecer cáncer. A continuación les presentamos los diez alimentos que pueden provocar esta enfermedad y cuyo consumo se debería evitar:


1. Organismos genéticamente modificados (GMO)

No hace falta decir que los transgénicos no tienen lugar en una dieta para permanecer libre de cáncer, sobre todo ahora que se ha demostrado que tanto los GMO y los productos químicos utilizados para su cultivo provocan tumores en el organismo. Pero los transgénicos están en todas partes, incluso en la mayoría de los derivados de alimentos a base de maíz, soya o canola convencional. Sin embargo, los puede evitar consumiendo alimentos orgánicos certificados y verificados o cultivados sin necesidad de acudir a la biotecnología.


2. Carnes procesadas





Los productos cárnicos procesados, como carnes frías, mortadelas, tocino, salchichas etc., contienen conservantes químicos que los hacen parecer frescos y atractivos, pero también pueden causar cáncer. Tanto el nitrito como el nitrato de sodio se han relacionado con un aumento significativo del riesgo de cáncer de colon y otros tipos de cáncer, así que asegúrese de elegir productos de carne curada sin nitratos, y preferiblemente de fuentes alimentadas con pasto.


3. Palomitas de maíz para microondas




Puede que sean llamativos por su fácil preparación, pero las bolsas de palomitas (crispetas) para microondas contienen productos químicos que están vinculados con diversos tipos de cáncer e infertilidad. Del mismo modo existe un compuesto llamado 'diacetilo', que se utiliza en las mismas palomitas para darle sabor artificial a mantequilla y que está vinculada con graves enfermedades pulmonares. Además, alguno de los ingredientes utilizados posiblemente contenga material modificado genéticamente.


4. Refrescos




Al igual que las carnes procesadas, se ha demostrado que los refrescos provocan cáncer. Aderezados con azúcar, productos químicos y colorantes, las sodas y refrescos acidifican nuestro organismo y literalmente alimentan las células cancerígenas.


5. Los alimentos y bebidas 'dietéticas'



Son incluso más dañinos que las gaseosas. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria encontró que el aspartamo, uno de los edulcorantes artificiales más comunes, causa una serie de enfermedades, incluyendo defectos congénitos y cáncer. La sucralosa (Splenda), sacarina y otros edulcorantes artificiales también se han vinculado con el cáncer.


6. La harina blanca refinada





Es un ingrediente común en los alimentos procesados, pero su exceso de contenido de hidratos de carbono es un grave motivo de preocupación. Un estudio publicado en la revista 'Cancer Epidemiology', encontró que el consumo regular de carbohidratos refinados se relacionó con un aumento del 220% del cáncer de mama entre las mujeres. Además se ha demostrado que los alimentos con alto índice glucémico aumentan rápidamente los niveles de azúcar en la sangre, algo que por consiguiente alimenta directamente el crecimiento de células cancerosas.


7. Azucares refinados
























Lo mismo ocurre con estos productos, los cuales tienden a incrementar los niveles de insulina y alimentan el crecimiento de células cancerosas. Edulcorantes ricos en fructosa como el jarabe de maíz de alta fructosa son particularmente perjudiciales, ya que se ha demostrado que ayudan a metabolizar y proliferar a las células cancerígenas. Así como las galletas, tortas, pasteles, refrescos, jugos, salsas, cereales y muchos otros alimentos populares, la mayoría procesados, contienen fructosa y otros azucares refinados, lo que explicaría el por qué las tasas de cáncer están en aumento.


8. Manzanas convencionales, uvas y otras frutas 'sucias'






Muchas personas piensan que se están alimentando saludablemente cuando compran manzanas, uvas o fresas en la tienda. Pero a menos que estas frutas sean orgánicas o verificadas de estar libre de pesticidas, podrían ser un riesgo importante de cáncer. El Grupo de Trabajo Ambiental (EWG), encontró que hasta un 98% de todos los productos convencionales, y particularmente los que se encuentran en su lista de frutas, están contaminados con pesticidas que causan cáncer.


9. Salmón de cultivo






Según el Dr. David Carpenter, director del Instituto para la Salud y el Medio Ambiente de la Universidad de Albany, EE.UU., el salmón de piscifactoría es otro alimento con alto riesgo de cáncer. De acuerdo con las investigaciones de Carpenter, el salmón cultivado no solo carece de vitamina D, sino que a menudo está contaminado con productos cancerígenos, retardantes, pesticidas y antibióticos.


10. Aceites hidrogenados





Estos son comúnmente utilizados para conservar los alimentos procesados y mantenerlos estables. Sin embargo, los aceites hidrogenados alteran la estructura y la flexibilidad de las membranas celulares en todo el cuerpo, lo que puede conducir a una serie de enfermedades debilitantes como el cáncer. Algunos fabricantes están eliminando gradualmente el uso de estos aceites y sustituyéndoles con aceite de palma y otra y otras alternativas más seguras, pero todavía las grasas trans son ampliamente utilizadas en los alimentos procesados.



Texto completo en: http://actualidad.rt.com/ciencias/view/125306-alimentacion-insalubres-enfermedades-cancer