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miércoles, 3 de octubre de 2012

Mala reforma laboral a la mexicana





Por estos días se discute y analiza lo que podría ser una reforma laboral para México, aunque quizá valga la pena aclarar que más que una nueva legislación del trabajo, tan sólo están adecuando el marco jurídico a la realidad de subcontratación que ya viven miles de la población económicamente activa.

Los motivos para iniciar cambios a las leyes que regulan el mercado del trabajo siempre son los mismos, pues la argumentación gira en torno a mejorar la movilidad y condiciones de los trabajadores, así como aumentar la competitividad del país frente a sus socios comerciales; pero los motivos no son los únicos que se repiten cada vez que se toca el tema, ya que la escuela del pensamiento económico clásico siempre es la elegida para diseñar dichos cambios, a pesar de existir otras alternativas.

Una reforma laboral no sólo se puede abordar desde el ámbito económico, como lo hacen los economistas de la corriente mencionada en el párrafo anterior, ya que el mismo comportamiento y reacción de los trabajadores puede ser visto y estudiado desde una óptica sociológica o antropológica, pues algún efecto debe tener sobre el país el hecho de condiciones precarias de contratación. ¿Acaso el crimen organizado y narcotráfico no ha avanzado y entendido de mejor forma la nueva dinámica social? Muchos argumentan que la educación es base para alejar a los jóvenes de las bandas criminales, y tienen razón, pero también es necesario complementar dicho acto con la creación de condiciones para una vida digna, la cual no parece sea el fin que tiene la reforma laboral que se está discutiendo actualmente.

Si nos enfocamos únicamente en los aspectos técnico-económicos, la argumentación recurrente es que un salario mínimo es dañino para el desempleo, ya que existirá alguna masa de trabajadores dispuestos a laborar por una percepción menor a la marcada por la ley. El mercado de trabajo se puede regular a través del salario, ya que si existe poca oferta laboral por parte de quien busca trabajo, el salario se elevará hasta corregir esa falla. Si existe poca demanda de trabajo por parte de las empresas por un salario muy alto, dicha percepción tenderá a ir a la baja hasta que los dueños del capital se sientan motivados a contratar a cada vez más gente. De acuerdo a los economistas clásicos habrá un punto donde todos los que quieran trabajar lo podrán hacer al salario de mercado, fijado por la oferta y demanda.

Para que lo anterior se pueda cumplir, existe una condición necesaria que dice que ningún trabajador debe estar organizado con otro, es decir, la inexistencia de los sindicatos, pues según la economía clásico, ellos siempre presionarán a sus patrones con mejoras salariales y de empleo, lo que lleva a un aumento en los costos de producción y por ende, desánimo de las empresas a contratar a más trabajadores.

La reforma laboral que se viene para México se basa en el aspecto teórico explicado en líneas anteriores, razón por la cual se busca debilitar la fuerza sindical que existe hoy día. Es probable que ningún legislador se atreva a decir que un salario más bajo fomentará el empleo, y que si existe un amplio número de desempleo, es por culpa de esos mismos sindicatos. Ninguno lo hará, pero lo que sí pueden hacer es apoyarse de la molestia generalizada sobre personajes como Elba Esther Gordillo o Romero Deschamps para exhibirlos en sus lujos. La reforma laboral es contra la corrupción sindical priista, aunque en el camino se destruyan a otras organizaciones que sí están trabajando para sus agremiados.

Pero la teoría económica no sólo prohíbe la organización sindical para abatir el desempleo, sino también la critica en el ámbito patronal. Hoy la reforma busca debilitar a los sindicatos por que impiden la contratación, pero nada dice de las organizaciones como el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), que también es una agrupación que al igual que los sindicatos obreros, puede distorsionar la contratación y fijación de una paga justa.

La reforma laboral aunque no ataca de forma directa el salario mínimo, lo hace de manera tangencial al permitir contratos de 30 días que ponen a prueba al trabajador, así como el establecimiento de un salario por hora, el cual no está del todo claro cómo puede funcionar.

Un contrato de 30 días es útil cuando se salvaguardan derechos laborales como la antigüedad en la cotización y una prima económica al trabajador al momento de finalizar dicho acuerdo, ya que de esa manera, se puede castigar a la subcontratación y obligar al empleador a no ser tan laxo en la contratación, pues él sabe que cada 30 días tiene a un ejército de hombres y mujeres dispuestos a probarse para quedarse de manera definitiva con el puesto.

La teoría económica tiene un sustento muy alejado de la realidad; en México una reforma laboral como la que se ha presentado llevará a más de uno a cuestionarse sobre el sentido de vivir encadenado a condiciones de desempleo desastrosas, pues dicha reforma no fomenta la igualdad social. No tiene ningún sentido aumentar la productividad, cuando la población en su conjunto no es partícipe de los beneficios que puede traer a los empleadores e indicadores macroeconómicos del país.

Hoy no es el siglo XIX donde las formas de vida de la Revolución Industrial debían ser aceptadas de manera tajante; hoy la realidad ofrece abanicos de posibilidades como la informalidad o el crimen organizado. Sociológicamente tiene sentido que un trabajador prefiera condiciones de empleo informal, pues muchas veces él se sentirá más cómodo no con un salario fijo, sino con mantener algo de dignidad y libertad, de vivir sin la presión psicológica y de gastos que significa estar con un contrato de 30 días. Lo anterior la economía no lo explica, pero es real, es algo que se vive todos los días y no se hace nada para remediarlo.


Edmar Ariel Lezama
@edmar_ariel

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