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martes, 26 de junio de 2012

Este 1 de Julio: Por López Obrador y Alfaro




Una vez más serán puestas a prueba las principales instituciones del país. Por desgracia, cada seis años resultan maltrechas, desgastadas, sin credibilidad y profundamente deslegitimadas.


Por cierto, quienes más las han pisoteado, corrompido y deformado, nos piden casi inmediatamente y sin el menor decoro que todavía confiemos en ellas.

Ojalá las cosas cambien este próximo domingo. Al finalizar este 1 de julio sabremos si la gente salió a votar sin acarreos, sin coacciones, sin violencia moral y sin compra de votos.

Moneda en el aire

No se puede afirmar que la suerte está echada para nadie. Las encuestas no pueden ser veredictos premonitorios de lo que sucederá este 1 de julio. La predestinación política no existe.

La moneda está en el aire: tan posible es una votación copiosa, un proceso electoral limpio y un resultado genuino de la voluntad popular, como un proceso electoral fraudulento, lleno de turbias triquiñuelas y sofisticadas artimañas para imponerse sobre la voluntad ciudadana.

Todo indica que existe una abierta y amplia tensión social, en muchos casos incertidumbre, donde hay una combinación de elementos, posiciones e intereses; pero que en esencia se irán definiendo y canalizando en torno a dos grandes vertientes: fuerzas democráticas o antidemocráticas.

Lo que resulte de la contradicción de esas fuerzas dará mayor o menor énfasis al resultado electoral: a un voto libre y razonado o a un voto inducido, manipulado y comprado.

Lo que está en juego no es poca cosa: más allá de cargos públicos y privilegios de partidos, lo que está en disputa son las libertades y los derechos civiles de todo un pueblo.

Por ello, están en juego dos visiones de país, dos proyectos, dos formas distintas de gobernar, dos modelos de economía y dos perspectivas de lo que debe ser la patria, con perfiles, valores y principios éticos distintos: un proyecto neoautoritario encabezado por Enrique Peña Nieto y un proyecto ciudadano y de restauración de las instituciones encabezado por Andrés Manuel López Obrador.

Despeñadero

Enrique Peña Nieto representa hoy por hoy lo más retrasado de la forma de ser y hacer política en el país.

Peña Nieto y el partido que lo postula representan la continuidad del modelo neoliberal que se amplió con el panismo y que tanto daño trajo al país: pobreza, miseria, desempleo, represión e impunidad.

Peña Nieto representa la vigencia de las prácticas clientelares, del corporativismo de viejo cuño y el intento regresivo a ese presidencialismo imperial que se consolidó a través de la represión y el fraude electoral.

Peña Nieto y su partido representan una falsa concepción moderna de Estado, pero sometido sin duda a los intereses del gran capital. Pero peor aún, privatizando e hipotecando aún más los bienes de la nación.

El proyecto de gobernabilidad que propone Peña Nieto se basa en el reparto tradicional de cuotas de poder de corte caciquil, que implica o implicará, de llegar a la presidencia, la (re)conformación de escuadrones de la muerte y grupos paramilitares como fórmula para enfrentar la inseguridad pública.

Luz al final del túnel

El proyecto de Andrés Manuel López Obrador representa, por el contrario, la esperanza de un pueblo que anhela vivir en paz y en trabajo.

El proyecto de López Obrador se basa en la recuperación y fortalecimiento de un Estado de bienestar que se sustentará en el uso responsable de los recursos de la nación y el reparto justo de la riqueza. Él lo ha dicho: no es posible un gobierno rico con pueblo pobre.

Con López Obrador se abriría el camino para redignificar no sólo las instituciones hoy tan deterioradas y en tan lamentable estado, sino que se fortalecerían el patriotismo y el nacionalismo que tanto nos enorgulleció a los mexicanos expresar en tiempos de Juárez y Lázaro Cárdenas.

Con López Obrador se abren los caminos hacia la regeneración nacional. Con él se ve la luz al final del túnel, de estos aciagos y oscuros años de crisis y opresión.

Sólo con un presidente honesto se podrá dar una transformación auténtica de los poderes del Estado, en particular el Ejecutivo y el Judicial, que sólo han servido para satisfacer los intereses de unos cuantos.

Por eso las fuerzas antidemocráticas se oponen a López Obrador, porque justamente con él se terminarán prebendas, canonjías y privilegios.

En Jalisco: dos caminos

Al igual que a nivel nacional, en Jalisco no hay más que dos opciones: Aristóteles Sandoval y Enrique Alfaro.

Aristóteles Sandoval es el rostro juvenil del viejo autoritarismo priísta. Es, en cierta manera, un rostro joven, pero que igual refleja el rostro inhumano del sistema neoliberal.

Enrique Alfaro representa por el contrario el empoderamiento de una ciudadanía que exige cuentas, que cuestiona resultados y exige congruencia.

Con Alfaro se abren las posibilidades de combatir con autenticidad la corrupción y la simulación que se han extendido sin límite en Jalisco.

Con el candidato del Movimiento Ciudadano se abren los canales interinstitucionales y sectoriales para el diálogo continuo que hoy son tan urgentes para redefinir el rumbo de la entidad.

Este 1 de julio es tiempo de definiciones: es tiempo de definirnos del lado de las corrientes y expresiones democráticas.

Es tiempo de apoyar las mejores causas y proyectos. Es tiempo de apoyar a López Obrador para la Presidencia de la República y a Enrique Alfaro para la gubernatura de Jalisco.

Tomado de La Jornada Jalisco Junio 26 de 2012
Por Jaime Hernández Ortiz

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